Diferencias entre Sexo, género y sexualidad

Sexo

El término sexo, designa la feminidad o masculinidad biológicas. El sexo biológico tiene dos aspectos: sexo genético, que está determinado por los cromosomas sexuales, y sexo anatómico, o sea, las diferencias físicas que distinguen a varones y mujeres.

Por Género nos referimos a “las características y oportunidades económicas, sociales y culturales atribuidas a varones y mujeres en un ámbito social particular en un momento determinado”. (Source: Transforming health systems: gender and rights in reproductive health. WHO, 2001).

El género, considerado como los atributos socioculturales relacionados con los roles, valores, actitudes, prácticas o características, que una determinada sociedad o cultura humana impone diferencialmente a las personas a partir de su sexo, determinando la “femineidad” y la “masculinidad”. No obedecen a un conjunto fijo de determinantes biológicos, sino que responden a situaciones particulares y se generan dentro de estructuras definidas que determinan “qué es ser mujer” y “qué es ser varón” en cada contexto sociocultural a lo largo de la historia. Por lo tanto estas diferencias, que condicionan una manera particular de ordenamiento social en torno al papel reproductivo, no son naturales ni permanentes pero legitiman y naturalizan socialmente la dinámica que mantiene las relaciones de poder entre individuos. Por ejemplo: la diferencia de fuerza entre varones y mujeres hace que en muchas sociedades se avale la violencia como una reacción natural asociada a la masculinidad, y la sumisión al hombre como una característica natural de lo femenino; de esta forma acepta el maltrato de las mujeres por sus parejas, y admite un poder del hombre sobre la mujer.

Es que mediante el género se establecen significados, roles y estereotipos asociados al sexo asignado al nacer. No corresponde exclusivamente a las mujeres o a los varones. Se puede entender más bien como un concepto clave para la comprensión de las relaciones entre varones y mujeres.

En muchas sociedades, incluidas las nuestras, las mujeres, gays, lesbianas, bisexuales y trans son situadas/os y/o entendidas/os a través de vínculos de desigualdad social, cultural y económica. Existen denominadores comunes que permiten advertir las situaciones de desventaja y vulnerabilidad en la que se encuentran estas poblaciones en relación a otras. Los estudios de género tanto como las políticas de género están destinados a conocer las desigualdades basadas en el género y modificar la realidad con la intención de lograr una equidad de género.

Es así que la identidad de Género, indica el sentido subjetivo de ser varón o mujer o mejor dicho, refiere a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo (que podría involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que la misma sea libremente escogida) y otras expresiones de género, incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales (Principios de Yogyakarta, 2007). En nuestra sociedad las identidades de género usualmente refieren a mujeres, varones, masculinidades y feminidades trans, travestis, transgénero y transexuales.

Pese a sus diferentes formulaciones la teoría del género, se posiciona en el debate teórico sobre el poder la identidad y la estructuración de la vida social ofreciendo elementos para una comprensión sistémica procesual e histórico comparativa de la estructuración de las diferenciaciones y de las jerarquías sociales en sus dimensiones simbólico-culturales, normativas e institucionales. Así previene los riesgos de una reactualización – muchas veces no percibidas por los analistas de una visión iluminista, liberal, del sujeto humano universal.

Por tal motivo, el transgénero, aquella una persona con una identidad de género diferente a aquella que se le ha asignado culturalmente según su sexo. Abarca una gran variedad de identidades que no armonizan con los estereotipos socioculturales de “hombre –masculino – activo – dominante” o “mujer – femenina – pasiva – sumisa”. La transgeneridad reconstruye la existencia de dos géneros opuestos. Además se refiere a las distintas expresiones de género. Es decir, que en ocasiones se lo utiliza como un término amplio para indicar la no pertenencia a un colectivo heterosexual o la no correspondencia con las categorías de hombre y mujer. También se emplea como sinónimo de trans.

Es así que, surge la “Disforia de Género”, un desacuerdo profundo entre el sexo biológico y el sexo psicológico o, dicho de otra forma, entre el sexo con el que se nace y aquel otro que la persona siente como propio. Concepto más amplio que el de transexualismo, introducido por Fisk y posteriormente utilizado en el DSM-IV-TR. La transexualidad es una disforia de género por lo que, hoy por hoy, en este contexto social, es que muchas personas transexuales hacen demanda no sólo de tratamiento hormonal sino también de cirugía. Esta demanda, más que un “deseo” es una necesidad porque “sienten” pero no se “ven” y necesitan verse para sentirse y que los demás también los vean.

Frecuentemente, las personas trans suelen encontrarse en una situación de especial vulnerabilidad y exclusión social. La población está más expuesta a situaciones de estigma, discriminación y exclusión en el sistema de salud, el sistema de educación, el mercado laboral y la vivienda. Además, suelen sufrir situaciones de acoso y violencia institucional. Esto, en su conjunto, condiciona su acceso a los beneficios y servicios sociales de la ciudadanía afectando su calidad de vida y su vida.

Como es el caso del Transexual, persona con una identidad sexual y de género que no coincide con su sexo de nacimiento, muchas veces asociada a la sensación de “que ha nacido en el cuerpo equivocado”. En general tiende a modificar su anatomía utilizando hormonas, aplicándose prótesis, haciéndose cirugía para cambiarse los genitales, etc.

Por otro lado, se pone de manifiesto el rol de cada uno, o a la actividad asignada a una persona según ciertas características particulares, en un momento histórico y en determinado contexto social (por ej. el cuidado de los/as niños/as, en algunos contextos se asigna a las mujeres y en otros a los varones). Por eso la mayoría de los roles son dinámicos y pueden ser atribuidos a diferentes personas en distintos contextos.

Los roles de género, son el resultado de comportamientos adquiridos en una sociedad dada que definen cuáles son las conductas, tareas y responsabilidades consideradas masculinas y femeninas. Dichos roles están condicionados por factores tales como la edad, clase social, religión, pertenencia a grupos étnicos, origen regional y las tradiciones, y también se ven afectados por cambios inducidos a través de los procesos de desarrollo. Las características biológicas de hombres y mujeres generalmente no cambian; sin embargo, las características percibidas por cada uno de los roles y responsabilidades que se les asigna, difieren entre sociedades, culturas y periodos históricos.

En cuanto al rol de los hombres, hoy por hoy en los países más industrializados, hay pocas líneas de demarcación entre las ocupaciones de hombres y mujeres. Sin embargo, en las sociedades menos industrializadas, los hombres tienen roles más visibles y reconocidos que los de las mujeres, en gran medida debido a que los hombres son remunerados por su trabajo productivo mientras que esto no ocurre siempre con las mujeres, y si ocurre, generalmente no es equitativo. En estas sociedades, el rol de los hombres se expresa en trabajos reconocidos y contados en los censos nacionales y sistemas de contabilidad.

Con respecto al rol de las mujeres, en la mayoría de las sociedades se ubica en dos categorías: Productivo: Relacionado con la producción de bienes de consumo, o el ingreso mediante el trabajo fuera o dentro del hogar. Aparece como el rol principal del hombre, mientras que para la mujer se le considera secundario Implica una valoración diferente en comparación con los hombres.

El trabajo productivo realizado por las mujeres tiene menos prestigio, otorga menos poder de decisión y autonomía. Reproductivo: Relacionado con las tareas domésticas caseras vinculadas con la procreación cuidado y protección de los hijos y la familia. También considera las tareas realizadas y responsabilidades asumidas en beneficio de la sociedad. Las mujeres realizan estas actividades como extensión de su rol reproductivo, asegurando el mantenimiento y la provisión de recursos de consumo colectivo como el agua, la educación y otros. Este trabajo voluntario realizado en tiempo libre es visto como una extensión del rol reproductivo y no se valora como trabajo ni sobrecarga adicional.

Si hablamos de igualdad es necesario hablar de discriminación, en base a actitudes, comportamientos o acciones “diferentes” frente a las personas que pertenecen –o se cree que pertenecen- a un grupo particular, que resultan en un trato distinto al que se le da a las otras. Esta puede ser “negativa”, cuando la diferencia impide el desarrollo e integración de esa persona. O “positiva”, cuando favorece la integración y el desarrollo de personas más vulnerables o en desventaja frente al resto.

En este caso, la discriminación de género se refiere a cualquier distinción, exclusión o restricción hecha sobre la base de los roles y las normas de género socialmente construidas que impidan que una persona disfrute plenamente los derechos humanos.

Por ejemplo, en el protocolo sobre violencia contra la mujer se habla de Violencia como un acto, conducta o hecho que ocasiona daño, sufrimiento físico, sexual o psicológico, o muerte. La violencia es un acto social y en la mayoría de los casos un comportamiento aprendido en un contexto de inequidades sociales, basadas en el género, la edad y la raza y con imágenes violentas y de fuerza física, como la manera prevalente de resolver conflictos.

Es por ello que el Glosario de Educación Sexual Integral conceptualiza a la Violencia de género, como la violencia ejercida contra las personas con una determinada identidad de género (generalmente femenina o trans) u orientación del deseo sexual (generalmente no heterosexual), por causa de esta condición.

Todo esto surge por los llamados estereotipos de género, construcciones socioculturales imaginarias a partir de atribuciones que se da arbitrariamente a las personas según su sexo biológico (por ejemplo: “hombre: rudo: fuerte: valiente: dominante: violento: ganador” o “mujer: delicada: frágil: temerosa: sumisa: afectuosa: sensible”).

Y el Sexismo o conjunto de métodos empleados por un orden sociocultural machista para mantener la situación de dominación, superioridad y usufructo masculino sobre el sexo femenino. Ideología que defiende la subordinación de las mujeres y todos los métodos que utiliza para que esa desigualdad se perpetúe, evidentes particularmente en el lenguaje y en las políticas (“el machismo se expresa en un piropo; el sexismo, en la división de la educación por sexos”).

Por supuesto, antes de continuar es preciso conceptualizar algunos términos como el de identidad, que viene del latín identitas, es decir “lo que es lo mismo” o “ser uno mismo”. Ricoeu (1990) recupera estos dos sentidos de la palabra al referirse a la mismisidad y la ipseidad, respectivamente. Las aportaciones realizadas desde la sociología y desde la psicología social demuestran que la reflexión en torno a la identidad no es nueva a las ciencias sociales. Desde la Sociología, en su vertiente fenomenológica, son fundamentales los trabajos de Berger y Luckmann (1968), que centran su reflexión en los procesos de transformación de las identidades en el devenir de las sociedades modernas.

Ya que nos referimos a lo sexual, es decir a la fisiología y anatomía específica de machos y hembras y también dicho carácter erótico de ciertos estímulos o comportamientos, es que nos podemos referir entonces a la Identidad sexual, sentimiento de coherencia entre la orientación del deseo sexual y las prácticas derivadas de este, que permiten a la persona identificarse como hetero, homo o bisexual. Es el marco de referencia interno que se forma con el correr de los años, que permite a una persona formarse un concepto de sí mismo (a) sobre la base de su sexo, género y orientación sexual, y desenvolverse socialmente según la percepción que tiene de sus capacidades sexuales.

Ahora, podemos mencionar a un término más amplio como es la sexualidad, que según la Guía para Personal de Salud sobre Salud Sexual y Reproductiva y Prevención de la Violencia hacia Población LGTB del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, es una construcción social e histórica que involucra valores, creencias, prácticas y concepciones. Se trata entonces, de una concepción que se construye entre todos y todas e involucra los deseos, las fantasías, la vivencia y la utilización de los cuerpos. Es decir, comprende distintos ámbitos de la vida como la reproducción, el erotismo, el placer y las definiciones políticas de las orientaciones sexuales o las identidades de género.

Así como también, las actitudes, valores y conductas sexuales, incluye la anatomía, la fisiología y la bioquímica del sistema de respuesta sexual; la identidad, orientación, roles y personalidad; así como los pensamientos, sentimientos y relaciones. La expresión de la sexualidad se ve influenciada por cuestiones o aspectos éticos, espirituales, culturales y morales.

Marcos Enciso

Psicólogo graduado en la Universidad Ricardo Palma. Orientado al enfoque cognitivo conductual con experiencia en orientación psicológica, psicoterapia individual y de pareja. Facilitador del desarrollo humano, cambio del comportamiento, motivación e integración, manejo del estrés y transformación personal.

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